Universitat Rovira i Virgili

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Diccionario de historia de la enseñanza del francés en España (siglos XVI-XX)

VALORES MORALES (EN LOS MANUALES DE FRANCÉS)

[véanse también /valores cívicos/ y /valores religiosos/]

A partir de 1857 el Estado se encarga de la enseñanza en el marco de los Institutos de provincia recién creados. En cuanto a contenidos, esto no supone una ruptura con la enseñanza anterior dada en academias y centros religiosos. Los planes de estudios apuntan claramente que el joven debe recibir no sólo instrucción, sino también educación y parte de esta educación la constituye la formación ética del alumno: "La educación se dirige al corazón, a la conciencia; la instrucción se dirige al espíritu. La educación es la cultura del alma; la instrucción es la de la inteligencia" (Soler y Arqués, 1891). Los profesores de francés son conscientes de su deber de transmitir los valores morales que tienen que anteponerse a cualquier asignatura y un manual de idioma se presta fácilmente a la introducción de una filosofía o ideología. Diferentes autores explican en sus prefacios su intención de formar a la juventud: en un manual de Bruño señala que "tendremos  por muy bien recompensados nuestros desvelos, si con ellos podemos seros de alguna utilidad y cooperar en la grande obra de vuestra educación moral e intelectual, contribuyendo a prepararos un porvenir virtuoso, honrado y feliz". Monreal Pagola (1941) manifiesta su "objeto de instruir y educar, haciendo además amena la enseñanza".

El mismo título del manual es, a veces,  muy explícito: Leçons françaises de littérature et de morale titula Tramarría en 1839 a su selección de textos destinada a las clases de francés, y otra de Herouart se presenta también con un título casi idéntico: Leçons abrégées de littérature et de morale (1856). Perrier, por su parte, comenta en su Curso elemental : "Notre désir est que ces récits puissent également inspirer à votre âme de nobles sentiments et à votre esprit des pensées élevées". Los planes de estudio recalcan el papel de la formación moral del joven y los directores de Institutos responden con su aprobación, como queda patente en esta propuesta pedagógica de 1898, incluida en un proyecto discutido y aprobado por el Claustro de Catedráticos del Instituto de Albacete: "No podemos ni debemos rehuir nuestro concurso, probando que somos dignos de la elevada misión que nos toca cumplir en el acrecentamiento de la cultura y en el progreso intelectual y moral de España".

El método adoptado para hacer pasar el mensaje moral abarca desde lecturas edificantes de autores franceses hasta la simple frase de explicación gramatical seguida de un ejemplo de contenido moralizante y ejercicios de aplicación. Entre las lecturas, algunas provienen de los clásicos de los siglos XVII y XVIII: Bossuet, Fénelon, Fábulas de la Fontaine, Marmontel, Fléchier ...), o de textos más modernos de los siglos XIX y XX, o incluso inventados por el propio autor del manual, seguidos de una Conversation con varias preguntas bien dirigidas para  asegurarse de que el alumno ha entendido no solo el vocabulario del texto, sino la lección que se le pretende dar. En este último caso, a menudo se trata de un personaje ilustre cuya conducta podrá servir de modelo. Personajes históricos como Juana de Arco, el rey castellano Fernando III el Santo, San Luis rey de Francia, Blanca de Castilla, Felipe II, o más próximos en el tiempo como Frédérc Antoine Ozanam, fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl, o Georges Washington que Mirmán Contastín [véase /Valores Cívicos/] incluye en dos de sus manuales; mientras  que Bruño exalta la figura de Jaime Balmes, estudiante modelo. Las lecciones gramaticales insertan en cada momento ejemplos y ejercicios de tenor ético. Si el alumno tiene que estudiar la concordancia de los adjetivos, se le propone la frase: "La cupidité n'est jamais (satisfait...) L'envie rend hideuses les personnes qui en sont (atteint...)", tal como hace Paul Guerlin en su manual de 1929. Y si se trata de la regla de los participios, afirma "la vertu a toujours (fait) le bonheur de ceux qui l'ont (pratiqué). La paresse va si lentement que la pauvreté l'a bientôt (rejoint)". Los verbos parecen el modo ideal para introducir elementos moralizantes, con una predilección por el presente, el imperativo y el futuro: "Je (haïr) le mensonge. Nous (haïr) le vice", dice Perrier; mientras que Guerlin propone: "(Sea) bon, charitable et laborieux. (Seamos) respectueux envers nos parents". Y para la conjugación del verbo être en futuro, Mirmán Contastín (1940) propone a su vez: "je serai prudent dans mes paroles, tu seras fidèle à tes promesses, il sera un modèle d'honnêteté, nous serons bons les uns pour les autres...". Estos modelos de conjugación se asemejan a lecciones de catecismo en las que para enseñar los mandamientos se recurre al futuro. Mirmán prosigue con esa forma verbal en un ejercicio de traducción directa bajo forma de preguntas y respuestas; y luego en otro ejercicio de traducción inversa con algunas variantes. Más tarde  lo repite en una lectura-recitación, en este caso  mediante imperativos en vez de futuros, y por fin termina con un ejercicio de traducción inversa que enumera las principales cualidades del buen alumno: dócil, atento, ordenado, aplicado, evita las violencias, los insultos y las mentiras. Estas reiteraciones ocupan cinco páginas de su manual. Hasta los capítulos de interjecciones o locuciones interjectivas presentan ese tinte moral: "Que de regrets se prépare le paresseux!", se afirma en un manual de 1957. Incluso en los ejercicios de pronunciación aparece la voluntad de adoctrinar. Exhortaciones presentadas con imperativos, máximas, sentencias lapidarias, dichos y refranes populares, todo sirve para inculcar al joven principios de comportamiento. "Enfant, sois convaincu de cette vérité que dans la vertu seule est la félicité", se comenta en un manual de Bruño; "Aimons notre prochain comme nous-mêmes", dice  Enrique Benavent en 1888; y Mirmán (1940) reitera que "On ne craint rien quand on a fait son devoir".

Abundan también, sobre todo en el propio Mirmán (1941), los párrafos enteros donde se acumulan los deberes de los jóvenes: en cuanto el niño llega a discernir el bien del mal, tiene obligaciones hacia la sociedad: amar a Dios y a su patria, honrar y respetar a sus padres y a sus maestros, cultivar su inteligencia, cuidar de su cuerpo, ser bondadoso hacia sus compañeros e incluso hacia los animales ya que "educar a los niños en la práctica del bien, es crear para lo venidero ciudadanos útiles, honrados y buenos". Y más adelante, a pocas páginas de intervalo  aparecen otras dos enumeraciones expresados con imperativos: las instrucciones que Tobías, a punto de morir, da a su hijo, y que consisten en honrar a su madre, dar limosna, ser caritativo, no dejarse dominar por el orgullo, dar a cada uno su salario, compartir con los que sufren, y, en un ejercicio de traducción inversa, se dan otros consejos a un hijo: ser  respetuoso y obediente para con sus superiores, afable y cariñoso con los compañeros (pero para escoger a un compañero, este tendrá que ser de buenas costumbres), aceptar las bromas,  pero no hacerlas a los demás, no relacionarse con gente de mala vida.... Y en un manual de 1930, cuyo  autor firma con las siglas FTD, un texto muestra a un niño modelo, con todas las cualidades posibles. Algunos autores intentan exponer de manera más amena los preceptos. En vez de insertar un párrafo entero, introducen algunas frases entremezcladas, sin relación unas con otras, recuerriendo a menudo a metáforas: "Un homme de mérite est un soleil dont les rayons échauffent, brillent, éblouissent à mesure qu'on s'approche d'eux", se dice en un manual de García Ayuso de 1883, en el que se utilizan igualmente frases moralizantes a través de términos antagónicos: "On se réjouissait à ta naissance et tu pleurais; vis de manière qu'au moment de ta mort, tu pourras te réjouir et voir pleurer les autres".

Otras veces para presentar  preceptos morales se recurre a la alegoría. Monreal Pagola (1941) describe un manantial que lleva esta inscripción: "Prenez-moi pour modèle", y explica a continuación estas palabras. El manantial sólo tiene valor por su pureza. Sucio, no es más que objeto de repugnancia. La moraleja que se desprende es que "pour être estimé, il faut être pur". Algunos autores ilustran sus lecciones por medio de comparaciones con los animales. La moral se hace más asequible para los jóvenes, los animales personifican cualidades y defectos humanos. La mariposa que revolotea de flor en flor es la imagen de las personas frívolas que solo quieren diversión y no se aplican en el trabajo, dice Mirmán Contastín (1940) que se refiere también al gusano de seda para decir que da una lección muy saludable: enseña a ser útiles a la sociedad a través del trabajo, mostrando que, frecuentemente, es la gente más sencilla  la que es más apta a hacer el bien. En cuanto a la abeja, dice el propio Mirmán, posee dos cualidades que debemos procurar adquirir: es valiente y es previsora, es un modelo de orden y de actividad. Y la cigarra sería la imagen del joven que no piensa más que en divertirse. Idénticas personificaciones aparecen en un manual de Sás Múrias: "Enfants, imitez les fourmis travailleuses et, comme elles, aidez-vous tous les uns les autres". Y añade que el alumno no debe entretenerse en el camino, no tomará como modelo la frívola mariposa, sino la abeja apresurada: "Jamais d'école buissonnière! / Dit cette bonne conseillère / Qui voltige entre terre et ciel". También las  plantas  pueden  servir de punto de partida para aleccionar. En un manual de Miracle Carbonell (1890), al final de un texto del autor alemán  de cuentos infantiles Christoph von Schmid, traducido al francés (y titulado "Le petit rosier"), aparece la moraleja: "Apprends par là que le mal est pour l'innocence ce que la gelée est pour un rosier en fleur, et que, pour se préserver de tout vice, on a besoin de soins assidus et d'une continuelle attention". Otro texto del manual de Miracle Carbonell ("La violeta") también es pretexto para adoctrinar: "Aie toujours dans le cœur un ardent amour pour tout ce qui est bien, juste et bon".

¿Pero cuáles son las cualidades que más se ensalzan y los defectos que más se vituperan? En primer lugar se sitúa  la virtud que resume todas las cualidades a la que puede aspirar un hombre de bien. "Soyez vertueux! Quoi de plus beau que la vertu!", exclama García Ayuso (1883). Es ella la que hace la nobleza del hombre, afirma Perrier. Los autores se inspiran de un texto de Fénelon para elogiarla: "Soutiens-toi dans le sentier âpre et rude de la vertu par la vue de l'avenir. Prépare-toi par des mœurs pures et par l'amour de la justice, une place dans cet heureux séjour de la paix" (López Monís, 1919; Massé, s.a). Si la virtud es áspera, rígida y estricta, el hombre que la practica se ve recompensado: "La vertu, toute austère qu'elle est, fait goûter bien des plaisirs", declara García Ayuso (1883). ¿Cuáles son, pues, estos placeres con los que se pretende seducir a los jóvenes? La virtud aporta paz al hombre y la paz es condición necesaria a la felicidad: "La paix du coeur est un trésor sans (el cual) il n'y a pas de bonheur" proclama Perrier en un ejercicio sobre pronombres relativos. La felicidad parece ser la meta final de la virtud:  "L'homme vertueux sait être (sabe ser) heureux, même dans (aun en) le malheur". Esta felicidad no es efímera como la del placer: "Nous devons préférer la vertu au plaisir; (éste) passe en un momento et (aquella) satisfait le coeur de manière durable",  nos dice Bruño. Todos insisten en la idea de felicidad. Miracle Carbonell (1890) presenta así a Charles, un personaje de una historieta: "il détestait le vice et il trouvait qu'il y avait de la joie à être bon et vertueux". Felicidad en este mundo, ya que el hombre virtuoso atrae la admiración y respeto de todos: "celui qui pratique la vertu est respecté partout", declara López Monís (1919) en un ejercicio sobre los atributos, y con la muerte desaparecen las diferencias entre ricos y pobres, grandes y pequeños. Sólo quedan las diferencias entre buenos y malos: "C'est le vice ou la vertu qui nous rendent heureux ou malheureux dans ce monde et hors de ce monde" (Miracle Carbonell, 1890). García Ayuso (1883) escribía algunos años antes que no son los títulos los que dan mérito a un hombre, ya que dependen del azar, sino  su comportamiento en la vida que solo depende de él. Faltar a la virtud es una desgracia  peor que la muerte: "le naufrage et la mort sont (funeste/ comparatif d'infériorité) que les plaisirs qui attaquent la vertu", escribe Monreal Pagola (1941). En el más allá la recompensa final es la que otorga Dios: la felicidad eterna.

¿Cómo practicar la virtud? La  virtud consiste en cumplir con  su deber, obrando según lo que manda su conciencia. "Bien dire et bien penser ne sont rien sans  bien faire",  afirma Francisco Pastor y Noé (1913),  y Bruño en un ejercicio de traducción directa dice: "Fais (Haz) toujours ton devoir, c'est la seule grandeur", y añade "(Lo) qui nous importe le plus en ce monde c'est de bien accomplir notre devoir". Para acabar diciendo que la conciencia es el juez que permite valorar nuestras acciones ya que ella "reproche à (cada uno) ses fautes". Tener la consciencia tranquila ahuyenta los temores: "on ne craint rien quand on a fait son devoir" (Mirmán Contastín, 1940), ello nos proporciona felicidad: "La joie la plus douce est (la) que donne la bonne conscience", dice Bruño ; "(No puede) y avoir de paix dans une conscience coupable" afirma Guerlin (1929). Este mismo autor propone para traducción inversa una historieta: el hombre tiene tres amigos que son el dinero, sus parientes y sus buenas acciones. ¿Cuál de los tres le va a serle más útil a la hora de su muerte? El dinero le abandona enseguida, sus parientes le acompañan hasta el cementerio y luego se van, pero sus buenas acciones le acompañan hasta el Juez Supremo y abogan por él.

La bondad es cualidad indispensable de la virtud. "Il faut être bon [...] il n'y a de joie véritable qu'à être bon, il n'y a même de grandeur morale qu'à cela.... Je tâche de vivre le plus honnêtement et le plus commodément que je puis, en résumant la loi morale dans cette double formule: travail et bonté", se lee en Ugarte Blasco, 1927, en un ejercicio de "récitation volontaire". Por otra parte, gracias a esta cualidad, se podrán conseguir más éxitos en la vida, ya que "La bonté obtient (alcanza) plus de conquêtes que l'épée", según Bruño. La lista de todas las virtudes que se requieren de los jóvenes es larga: el agradecimiento hacia la persona que le hace a uno favores, el perdón y la clemencia para los enemigos: "les injures qu'on reçoit doivent s'écrire sur le sable afin de les oublier et les bienfaits sur le marbre afin de s'en souvenir", dice Mirmán Contastín (1940). Se insiste en el respeto hacia los demás, Perrier dedica un ejercicio entero de posesivos a esta virtud así como a la modestia:  "Ne vantez pas vos qualités, chacun a (las suyas), vos camarades ont aussi (las suyas)". Se dan consejos para escoger bien a sus amistades y se recomienda comportarse bien con ellos: "Soyez chaud, désintéressé, fidèle, affectif, constant dans l'amitié, mais jamais aveugle sur les défauts et les divers degrés de mérite de vos amis", puede leerse en Mirmán (1940). Amabilidad y cortesía distinguen al hombre que ha recibido una buena educación. El respeto a los superiores es inseparable de la obediencia: "Escucharás los consejos de tus mayores", dice Perrier; "Yo soy un escolar sumiso", se puede leer en Bruño; "Soyez dociles et obéissants, c'est en obéissant qu'on apprend à commander", aconseja Mirmán (1940). La caridad y la compasión hacia los que menos tienen es un deber: darles pan si no tienen, abrigarlos si no tienen ropa, consolarlos cuando sufren, son las opciones que proponen muchos autores. Massé, sin embargo, advierte a sus alumnos que hay dos clases de mendigos: unos enfermos o minusválidos, dignos de compasión y otros que no trabajan prefiriendo vivir en la calle, de subterfugios. Estos son un peligro para la sociedad.

El trabajo es constantemente exaltado y el vicio opuesto -la pereza- es vituperado. Se recalca en todos los manuales la necesidad de ser constante y asiduo en cumplir con sus deberes; perder el tiempo, ser indolente y negligente es un gran vicio ya que la vida es corta. En una lección sobre las fiestas Mirmán Contastín (1948) hace la siguiente pregunta "Quelles sont les fêtes instituées par les différentes classes au collège? Expliquez en quoi elles consistent et dites si vous les approuvez et les aimez",  y en la pregunta siguiente se lee: "ne trouvez-vous pas que ces distractions sont trop nombreuses et font perdre le temps aux étudiants?". Es cierto que las fiestas de los alumnos quitan horas de estudio, tan importante para la formación de las personas. El hombre se distingue del animal por su cerebro, por lo que conviene ejercitarlo y esto se logra con el estudio. Si el estudiante no está convencido, Carreras Roure (1911) intenta persuadirlo con un argumento meramente práctico: "la culture de l'esprit est la source d'une foule de plaisirs auxquels l'ignorant reste toujours étranger [...] L'esprit conquiert tout sur la terre: amour, richesses, honneurs, gloire et même immortalité". Bruño hace un paralelismo entre dos alumnos: Stanislas y Paul. El primero tiene costumbres "puras", es cortés, piadoso, generoso, benévolo y leal hacia los demás, obedece a sus superiores, cumple con sus deberes, es dulce, servicial y caritativo. Es el prototipo del joven honesto. Conclusión: Stanislas será feliz en el futuro. Por el contrario, Paul es vicioso, maleducado, caprichoso, indisciplido y negligente a la hora de corregir sus defectos. Con el tiempo, sus defectos se han acentuado, cada vez es más orgulloso, mentiroso, tramposo, perezoso y vengativo. No cumple con sus deberes y ofende a todos. Incurre en los peores pecados y vicios, y acaba cometiendo un delito gravísimo que le lleva a la cárcel. Esa visión maniquea del comportamiento de dos jóvenes ilustra claramente una voluntad de formar al alumno desde una temprana edad. Todos los medios son buenos para influir  en la mente del niño o del adolescente que -al menos así lo esperan los autores de manuales- recordará para siempre los consejos y las advertencias que salpican  con frecuencia, y según las circunstancias históricas y sociopolíticas de cada momento, casi cada una de las páginas del libro que le sirve para aprender francés.

Corpus de manuales citados:

Denise Fischer Hubert

Bibl.: