Universitat Rovira i Virgili

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Diccionario de historia de la enseñanza del francés en España (siglos XVI-XX)

GRAMÁTICA

El término /Gramática/ posee acepciones diferentes en la actualidad, que reflejan la propia evolución de la disciplina ("arte" [arte] o "ciencia gramatical").

[Gramática 1]

La gramática (del griego gramma, letra) es una disciplina científica cuyo objetivo consiste en determinar los elementos que componen una lengua y estudiar los principios y las reglas que rigen la organización y el uso de los mismos bajo forma de  oraciones. Puede poseer un enfoque global (objeto: el conjunto de lenguas), y se habla así de gramática general (véase la Gramática de Port-Royal), o bien un enfoque particular (objeto: una lengua; la gramática del francés, por ejemplo). Tal disciplina constituye históricamente la base de la instrucción y es inseparable por tanto de su dimensión escolar. Por otra parte, el enfoque global da lugar a una dimensión teórica (gramática especulativa o filosófica), estableciéndose una relación dialéctica constante con la ciencia gramatical particular (referida a cada lengua), que induce a revisar constantemente el objeto de esta, incorporando nuevos enfoques y marcos analíticos.

El estudio de una lengua, en su doble vertiente de disciplina científica y de materia escolar, se produce ya en la Grecia antigua. Dionisio de Tracia, en su obra Tékhne grammatik? (siglo I a. C.), establece el marco general y los componentes de dicho estudio (recogiendo la tradición filosófica griega, e inspirándose de Aristóteles fundamentalmente), así como una terminología gramatical, que heredarían los romanos, traspasándola y vertiéndola al latín. Dicha ciencia gramatical pasará posteriormente a Occidente (a través de las gramáticas de Donato y de Prisciano, principalmente), desarrollándose en las dos vertientes señaladas de modo paralelo a lo largo de la Edad Media: un componente teórico o filosófico (la gramática especulativa: véase la Minerva de Francisco Sánchez de las Brozas, 1587) y una vertiente práctica (el aprendizaje del latín: véasen por ejemplo, las Introducciones latinas (1481), de Antonio de Nebrija, o bien el Arte para saber latín (1595) de Sánchez de las Brozas). La gramática latina servirá a su vez de base para la "gramatización" de las lenguas vernáculas occidentales (siglos XV-XVII: véase la Gramática de la lengua castellana, de A. de Nebrija, 1492). La gramática, en cuanto ciencia, proporciona así el conocimiento de una determinada realidad (una lengua; la lengua), y se constituye como una de las siete "artes liberales" tradicionales; a la vez que, en cuanto materia escolar, proporciona unas determinadas habilidades a quienes han estudiado gramática (saber leer, saber escribir, saber latín, saber hablar con corrección...). Dicha diferenciación, en cuanto al doble enfoque de la disciplina (teórico y práctico), y la conexión entre ambos, están presentes continuamente entre los gramáticos de las lenguas vivas. William Bathe (jesuita, profesor de lenguas en la Universidad de Salamanca, autor de la primera Janua Linguarum, 1611) se hace eco de la misma de modo muy claro: "[...] el fin de la Gramática es en dos maneras, es a saber el uno hablar congruentemente, y este es el principal, común al arte y al uso. El otro enseñar los preceptos científicamente, con los quales se haze que la congruidad no se adquiera como quiera, sino con método, y camino de arte" (1611: 35). El "arte de las letras" (Ars grammaticae) engloba en su devenir histórico el estudio  de los diferentes aspectos en que puede descomponerse el discurso, que se corresponden con otras tantas partes de la gramática:

El enfoque que preside la ciencia gramatical es a la vez descriptivo (catalogación de las formas y de los usos de la lengua tal como se habla; análisis de los mismos; propuesta de reagrupamientos en forma de regularidades) y normativo (puesto que se tiene presente la finalidad didáctica), al privilegiar determinados usos (propios de ciertos grupos de locutores y/o de ciertos ámbitos sociales o geográficos), que se recomiendan como deseables y/o se prescriben como  correctos,  frente a otros usos (propios de otros ámbitos) que se proscriben y se estigmatizan al ser declarados vulgares y/o incorrectos. El enfoque normativo está ya presente entre los gramáticos romanos, quienes definen la gramática como el ars bene loquendi et scribendi (Quintiliano). Nebrija, en su definición de la gramática como scientia recte loquendi recteque scribendi ex doctissimorum virorum usu atque auctoritate collecta, comparte de modo absoluto este enfoque normativo de la gramática, que está presente de modo particular en el ámbito escolar, en el que la materia gramatical posee como función esencial la de enseñar a "hablar y escribir con corrección". Según el enfoque epistemológico propio de cada gramático y/o de una determinada comunidad científica, la ciencia de la gramática prioriza no obstante unos aspectos u otros tanto en la descripción de la lengua como en su aplicación práctica.  A partir del siglo XIX, la gramática, tanto en su vertiente disciplinar como escolar, ha visto reducido su objeto de estudio: por una parte, el estudio de las letras y la pronunciación constituyen en la actualidad disciplinas autónomas (la ortografía, o  reglas de la escritura correcta; la fonética, fonología; ortoepía, o reglas de la pronunciación correcta); por otra parte, el estudio de los textos es objeto actualmente de la retórica, de la filología o de la literatura (según los enfoques). De este modo, la gramática se  reserva hoy en día como objeto de estudio más preciso el conjunto de normas y reglas que rigen el funcionamiento y el uso de una lengua. La descripción de tal conjunto de normas y reglas, si bien posee un "núcleo duro" constante, está sujeta a variación (a pesar de la voluntad de los gramáticos del siglo XVII), puesto que la lengua cambia en el tiempo (variación de tipo diacrónico), y por otra razón, igualmente, a saber la focalización acerca de algunos de los componentes de la gramática en detrimento de otros y el propio desarrollo de la ciencia gramatical teórica que puede inducir a planteamientos y explicaciones diferentes entre unas épocas y otras (por ejemplo, la sintaxis).

La gramática en cuanto a disciplina escolar posee un componente práctico inherente: el grammaticus es el maestro que enseña al niño a hablar (decir) y a hacer (leer, escribir). Este componente ha ido evolucionando igualmente a lo largo de la historia: el aprendizaje de la lectura y de la escritura (o estudio de las primeras letras) se efectuaba salvo excepciones a partir de textos en lengua latina hasta finales del siglo XVIII, en locales dependientes de la ciudad, de una orden monástica o de una parroquia, o bien con ayuda de un preceptor entre las clases pudientes. Dicho aprendizaje precedía el estudio de la gramática propiamente dicho, que era impartido en los colegios (dependientes de una universidad o colegios menores; dependientes de las diversas órdenes monásticas). Hasta el siglo XIX, no es posible separar el estudio de la gramática del estudio de la dialéctica y la retórica: las tres disciplinas componían el trivium, o un primer grado de escolarización, durante el cual los estudiantes adquirían el dominio de las diferentes habilidades lingüísticas exigidas por los diversos oficios de la palabra, tanto en su vertiente oral (arte oratoria; declamación, discursos; actuaciones jurídicas) como escrita (arte epistolar; oficio de escritor: poesía, novela o teatro). El establecimiento de la institución escolar dependiente del Estado en el siglo XIX, con la enseñanza primaria y secundaria, modifica por completo dicha estructuración de los estudios, así como las materias escolares y los contenidos de formación [véase /Instituciones de enseñanza y Legislación/]. De este modo, al igual que varía en el tiempo la descripción de las normas y reglas que rigen el funcionamiento y uso de una lengua, varían igualmente los contenidos y los objetivos asignados a la formación gramatical en la institución escolar. De este modo, la gramática constituye la base de la educación tradicional, humanística y literaria.

En cuanto al aprendizaje de la lengua extranjera (el francés, en este caso), la gramática, en el concepto pleno del término: "ars bene loquendi et scribendi"), no es un útil comúnmente utilizado sino a partir del siglo XVII. En efecto, a lo largo del siglo XVI y hasta bien entrado el siglo XVII, una "gramática" (es decir, una obra gramatical) combina la exposición de catálogos léxicos (clasificados según las partes de la oración) con la presentación de unos cuadros en que las formas nominales y verbales son expuestas de modo sinóptico, y se utilizan para el aprendizaje preferentemente listados léxicos, nomenclaturas, diálogos y textos bilingües (véase /Método práctico/). La gramática "completa" como útil central e imprescindible para el aprendizaje del idioma extranjero no se instala en las conciencias y en las instituciones docentes hasta bien entrado el siglo XVIII [véase /Métodos/ Método tradicional]. A título de ejemplo, la Gramática de la lengua francesa, de J. Núñez de Prado (1728), utilizada en el Seminario de Nobles de Madrid, contiene una parte titulada "De los modos de hablar más particulares y freqüentes de la lengua francesa" que constituye el 30% de la obra. El método práctico se mantendrá en cualquier caso en las situaciones de aprendizaje no regladas, como las academias privadas, las clases particulares y en el auto-aprendizaje, a lo largo de estos siglos y durante todo el siglo XIX, con variantes innumerables, hasta el advenimiento del Método directo. A lo largo de estos siglos, se producen innumerables discusiones acerca del papel y la función de la gramática en el aprendizaje de la lengua extranjera: la gramática en sí no es cuestionada, pero las propuestas abundan acerca del grado de profundización en dicho aprendizaje (nociones básicas o gramática completa; necesidad o no del conocimiento previo de las nociones gramaticales generales),  acerca del momento adecuado para el mismo (aprendizaje gramatical antes del uso de la lengua, de modo paralelo al uso o posteriormente al dominio de la lengua) y acerca de la conexión del aprendizaje teórico con la práctica de la lengua (a través de los "ejercicios").

[Gramática 2]

Como derivado metonímico, el término gramática designa la obra cuyo contenido consiste en una determinada descripción - efectuada por un estudioso o gramático, o bien por un colectivo de especialistas, tal como los miembros de la Academia de la lengua - de las normas y reglas que rigen el funcionamiento y el uso de una lengua. Ahora bien, son innumerables los títulos que los diferentes autores de "gramáticas" conceden a sus obras, por varios motivos: el deseo de diferenciación del nuevo autor, el interés del editor o impresor en rentabilizar la empresa editorial, el enfoque particular adoptado por el autor, etc.  Se pueden encontrar así las denominaciones siguientes (y se aportan algunos ejemplos de cada una, referidos a la enseñanza del francés):

En otros casos, se llama la atención sobre un nuevo modo de en­señanza: llave, lecciones, curso, método, maestro, manual, gramática práctica:  Llave nueva y universal  para aprender con brevedad y perfección la Lengua Francesa (A. Galmace, 1748), Nuevo Método (F. Torre y Ocón, 1728), Lecciones prác­ticas (M. Bouynot, 1825), Curso de temas franceses o Gramática práctica (L.A. Berbreugger, 1825), Curso de idioma francés, en tres partes: Gramática, ejercicios, florilegio, J. Casadesús, 1899), Gramática práctica (M. Ainsa y Royo, 1837; L. Bordas, 1890), Ejer­cicios prácticos de la Gramática de Chantreau (L. Cot, 1824), Método práctico (F. Grimaud de Velaunde, 1826), Gramática teórico-práctica (C. Cornel­las, 1845), manual, El maestro francés, o sea, gramática franco-española, J.-E. Laverdure, 1860)... Otras denomi­naciones intro­ducen datos que quieren significar la orientación hacia un público par­ticular: "para uso de los Españoles" (J.L. Cormon, F. Anglada, L. Monfort, F. de  Tramarría, C. Cornellas), o bien, señalan como en el caso de Chantreau el método completo con la indicación del sólo nombre de autor: Nuevo Chantreau, Método Jacotot (M. Rovira), o el Robertson español (J. Mendizábal).  Dichos títulos constituyen denominaciones cortas o sintéticas, o por el contrario se extienden de modo muy extensos (véase supra), pero en cualquier caso pretendidamente atractivos (gramática razonada, teórico-práctica, completa, filosófica, para los españoles, nueva, novísima...; método progresivo, práctico, racional, completo, para aprender en pocos días, etc.). Entre las mismas, sobresale el Arte de hablar bien francés... de P.-N. Chantreau (1781), continuamente reeditado a lo largo del siglo XIX, que ejercerá una influencia duradera sobre la concepción del contenido gramatical en el aprendizaje del idioma extranjero y la propia metodología que debía seguir el maestro (enseñanza) y el discípulo (aprendizaje).

La gramática constituye así, en su diversidad de presentaciones, enfoques y formatos, un instrumento (= útil) para el aprendizaje de la lengua, utilizado de un modo u otro en función de la metodología de referencia [véase/ Métodos/], y en conjunción con otros útiles tales como los catálogos léxicos (y/o nomenclaturas), los diccionarios, los diálogos [véase /Diálogo/] y los textos literarios, sea en formato original, sea en presentación bilingüe (como el Telémaco), o bien sea bajo la presentación a modo de  trozos escogidos (florilegios, ramilletes, crestomatías, antologías, etc.). De hecho, las gramáticas contienen habitualmente, desde el siglo XVI [véase /Sotomayor/] 1565), otros contenidos (léxico, diálogos, textos...) que sirven para ejercitar las reglas y por tanto retenerlas mejor, así como para adquirir las habilidades lingüísticas prácticas (traducir, leer, hablar...): la Grammaire espagnole et française de F. So­brino (1697) com­prende así un contenido lingüístico con una triple ver­tiente (gramatical, léxico, conversacional), al igual que el Arte de P.N. Chan­treau (1781). Sin embargo, la dosi­ficación de tales componentes en unos y otros casos es muy dife­rente. En el caso de Sobrino, es destacable en primer lugar una menor importan­cia del elemento estrictamente gramatical de cara al apren­di­zaje de la lengua: la gramática estrictamente consi­derada ocupa 177 páginas, frente a 380 dedicadas a los elementos léxico y conversacional. La presentación grama­tical sigue copiando el esquema de la gramática latina, con llamadas de atención a las declinaciones (del artí­cu­lo, pág. 15, de los nombres substan­tivos, del pronom­bre, en las preposiciones...), sin una dife­renciación entre los rudimentos (o la morfología ac­tual) y la cons­trucción (o sintaxis), sin ninguna preocupación de tipo pedagógico, sino la de com­pletar en todo caso unas des­crip­ciones anteriores de la len­gua incom­pletas: destaca así el autor que "nous y avons ajouté des remarques sur les particules rela­tives dont les Français se ser­vent" (Intro­ducción).

A partir de la institucionalización del estudio del francés en la enseñanza media en España en 1857 [véase /Ley Moyano/], la "gramática" del francés se adapta a los contenidos fijados para cada curso escolar,  y surge consecuentemente la denominación de Curso de francés, 1º año, ... 2º año, etc. Como tal instrumento, las gramáticas de francés para uso de los españoles (editadas en España o en el extranjero) poseen habitualmente como lengua vehicular el español: de lo que se trata ente todo es que el estudiante "entienda" el contenido gramatical propuesto, previamente a su memorización. Tan solo cuando dicho contenido gramatical se fragmenta en porciones fácilmente asequibles, y dentro del contexto escolar (puesto que un profesor está presente), algunas gramáticas (o manuales, cursos...), y de modo especial en el nivel superior, serán redactadas en lengua francesa como es el caso de C. Castellón y Pinto (1893), y de modo especial, el de Alphonse Perrier, ya en el siglo XX. Surgen así las denominadas gramáticas pedagógicas, las cuales proceden a una selección del contenido gramatical (para adaptarlo al tipo de alumnos), y/o a una modificación en el orden de presentación del mismo, acompañando las explicaciones con cuadros sinópticos que facilitan la comprensión de los paradigmas morfológicos.

[Componentes de la gramática]

La codificación de las lenguas vernáculas europeas se efectúa de modo paralelo mediante dos vías o procedimientos: la gramatización, y la diccionarización, creándose instrumentos (obras gramaticales, artes, tratados, etc.; léxicos, diccionarios, etc.) para la descripción y para el estudio de la lengua vernácula. Como hemos indicado anteriormente, tales instrumentos no son "puros", sino que incluyen en diversos grados tales procedimientos, y se apoyan unos en otros. El ejemplo paradigmático lo constituye L'Esclaicissement [...] de Palsgrave, cuyas 3/4 partes aproximadamente están constituidas por listas de términos pertenecientes a cada una de las partes de oración (por ejemplo, la lista de verbos ocupa trescientas setenta páginas, véase [1530] 1852: 510-882). Este modo de hacer constituye una forma tradicional de presentación del contenido gramatical en la que el léxico se incluye dentro del propio sistema gramatical, y que en sus inicios pretende suplir al diccionario (de hecho, la morfología actual era denominada como "etimología"). La idea de hacer que el alumno aprendiera a distinguir entre las diferentes especies de palabras y supiera establecer los diferentes accidentes que pueden afectar a cada clase de términos (número, género, persona, tiempo) comportaban especial atención al léxico de cada lengua. Una "gramática" era concebida fundamentalmente como un útil para aprender una lengua, e incluía habitualmente otros componentes considerados necesarios para lograr tal fin, en una segunda o tercera parte de la misma, a modo de suplemento (diálogos, modos de hablar, etc.). Del mismo modo, los diccionarios contenían habitualmente un compendio de las reglas gramaticales, y en algunos casos, se refería igualmente la pronunciación de cada entrada [véase el Diccionario de B. Cormon, 1800, in Bruña, 2000]. Hecha esta salvedad, las gramáticas de lenguas vernáculas copian la organización del contenido de las gramáticas latina. Habitualmente (Kukenheim, 1951: 71), los componentes (o partes) de toda gramática (acepción 2) son los siguientes:

Así, la Gramática de la lengua castellana, de A. Nebrija (1492), consta de 4 partes ordenadas del modo siguiente: Ortografía, Prosodia y sílaba, Etimología y dicción, Sintaxis. Ahora bien, hay que considerar que esta división, generalmente admitida, o propuesta como canónica por el pensamiento gramatical oficial (universidades, colegios de Jesuitas...) no era aceptada de un modo absoluto, variando algunos gramáticos tanto el ordenamiento de las partes como los propios componentes de la gramática. Por ejemplo, el Arte de la lengua española, de P. Juan Villar, publicado en 1651, ordena la gramática en Etimología, Sintaxis, Prosodia y Ortografía. Sánchez de las Brozas (1587) indica por su parte que "[...] la oración o sintaxis es el fin de la gramática, luego no es parte de ella"... Dos factores influyen en tal variabilidad. Por un lado, la relación dialéctica entre  gramática especulativa y gramática de una lengua supone un factor de continuo contraste entre teorización y comprobación "experimental", que induce a revisar constantemente su objeto, revisando aprehensiones heredadas e incorporando nuevos enfoques y marcos analíticos (véase supra acepción 1). Por otro lado, razones de índole pedagógica, es decir los destinatarios de la obra gramatical: no tiene mucho sentido, en una gramática destinada a extranjeros, tratar de la ortografía en una etapa inicial si se pretende que tales alumnos aprendan antes que nada a "hablar" y a "leer" (comprender un texto escrito), y no van a escribir sino en una fase posterior del aprendizaje; del mismo modo, las reglas de pronunciación son extremadamente abundantes en las gramáticas para extranjeros, y reducidas en las gramáticas para nativos. La estructura "canónica" de la gramática, en cuatro partes, heredada del latín, va a reducirse así en las gramáticas de lenguas vernáculas y la división en tres partes va a generalizarse, eliminándose la prosodia (que incluía las reglas de versificación) o bien insertándose en la pronunciación. Ahora bien, "cada gramático tiene su librillo", podría decirse. Así, la Gramática de la lengua francesa, de J. Núñez de Prado, 1728, está dividida en tres partes: de la pronunciación y ortografía (1-59); de las partes de la Oración (60-151); del uso y práctica de las partes de la Oración (151-242). El resto de la obra (243-315) recoge los "modos de hablar [expresiones o giros idiomáticos] más particulares y frecuentes de la lengua Francesa", dispuestos en orden alfabético. Por el contrario, la Gramática española y francesa de P. Contaut (1763) se compone de un listado único de capítulos (65), que el autor no agrupa según las partes tradicionales de la gramática, y reduciendo el contenido a la pronunciación y a las partes de la oración. En cuanto al Arte de hablar bien francés, o gramática completa, de P.-N. Chantreau (1781) está dividida en tres partes: "Trata la primera de la pronunciación y de la ortografía, la segunda de la analogía y valor de las voces, y la tercera de la construcción y sintaxis" (1781, portada). La extensión relativa de cada parte es la siguiente: pronunciación y ortografía: 1-56, analogía y valor de las ocho partes de la oración: 59-172; sintaxis, dividida en construcción y concordancia: 173-251. Podemos observar así que en las gramáticas de Núñez y de Chantreau, la extensión de cada una de las tres partes es similar, si bien Chantreau incluirá un Suplemento que dobla el número de páginas de la gramática propiamente dicha.  Para una exposición detallada del contenido de cada una, en su devenir histórico y según autores [véase /Métodos/ Pronunciación, Ortografía, Analogía y Sintaxis].

El siglo XIX conoce una proliferación de obras gramaticales de índole pedagógica para la enseñanza del francés, así como una enorme variación en sus contenidos y enfoques. Entre las mismas, destacamos las siguientes:

En todas ellas, la influencia de P.N. Chan­treau es evidente, y algunas de ellas no son sin o reimpresiones de su Arte, tras haber eliminado el Suplemento y las observaciones contenidas en el Prólogo acerca del método a seguir.

A lo largo del siglo XIX, con la transformación de la gramática en manual [véase más adelante] y como efecto de la institucionalización del francés, el contenido gramatical se reparte en varios cursos, manteniéndose globalmente la estructuración propia de la lógica de la materia: pronunciación, analogía (morfología) y sintaxis. Ahora bien, se produce una fuerte simplificación del contenido gramatical tradicional, a la vez que el concepto de sintaxis se modifica de modo importante (véase B. Lépinette, 2002: 26-93). Así, la parte Pronunciación y ortografía experimenta una drástica reducción e incluso desaparece [véase las adaptaciones españolas de los manuales del método de Ahn, por parte de Mac-Veigh, 1857); la parte segunda (analogía) sigue incluyendo la presentación de las formas de cada una de las partes de la oración; la sintaxis incluye un componente nuevo: al uso y práctica de las partes de las oración (bajo el prisma de la rección y de la construcción u orden de palabras) se añade el análisis de la frase, aunque de modo incipiente. Ahora bien, las realizaciones de cada autor pueden ser muy distintas unas de otras. Por ejemplo, el Curso de Idioma francés, de J. Casadesús (1899) contiene cuatro partes: la prosodia (lecciones II a X, páginas 3-32); la analogía (lecciones XI a XXXVIIII, 33-182); la sintaxis (lecciones XXXIX a LXIIII, 183-279); la ortografía: dobles consonantes, signos ortográficos, etc. (lecciones LXIV a LVXX, 284-301). Unas últimas lecciones (LVXXI a LXXV) se destinan a la gramática literaria (figuras, fórmulas para escribir cartas, etc.). No obstante, si consideramos que los ejercicios prácticos (habitualmente, textos para traducir) ocupan casi la mitad del texto, puede observarse que el contenido gramatical en sí se ha reducido a la mitad con respecto a las gramáticas del siglo XVIII (Núñez de Prado, Chantreau). La Gramática francesa de J. Ostenero y Velasco (191417) mantiene igualmente la estructuración en las mismas cuatro partes. En el siglo XIX, las gramáticas dejan de incluir otros útiles para el aprendizaje del idioma (tales como nomenclaturas, listados léxicos, conversaciones, una selección de textos literarios, anécdotas...), y se convierten en un "manual" que  establece el contenido teórico, dividido en cursos y en lecciones, que debe ser memorizado (la "gramática", acepción 1) y los ejercicios para su aplicación mediante la presentación de frases aisladas que deben analizarse y traducirse (véase infra Manual).

[Manual]

La aparición del "manual" en la enseñanza de un idioma extranjero puede fecharse a principios del siglo XIX, y se considera a Joseph V. Meidinger (Practische Französische Grammatik, 1783) como el autor que proporciona un impulso importante en la conversión de una obra gramatical (orientada fundamentalmente hacia la descripción y la presentación ordenada de una lengua) en un manual, es decir, una obra estructurada en función del aprendizaje progresivo de lengua, conjuntando una porción de contenido gramatical (reglas), un conjunto de contenido léxico y unos ejercicios para la adquisición de los mismos (frases a traducir del alemán al francés, en el caso de la gramática de Meidinger). La simplificación y estructuración del contenido gramatical en niveles resulta de la transformación. La estructuración del contenido gramatical en niveles puede efectuarse de dos modos:

  1. Se reserva la pronunciación y la analogía para un primer nivel (o curso), y la sintaxis para el segundo nivel (o curso). Si el Plan de estudios contempla el estudio del francés a lo largo de tres cursos, la sintaxis se reserva para el último curso. Es el modo general seguido por la mayoría de las gramáticas y manuales, puesto que, además, los diferentes Cuestionarios así lo establecen
  2. Se distribuye el conjunto del contenido gramatical en niveles de dificultad, establecidos en función del grado de regularidad/irregularidad y el grado de interés (frecuente o menos frecuente, importancia o menudencia). Es P.-N. Chantreau (Arte, 1781) el primero que establece dicha estructuración: "Debe verse esa Gramática en tres repasos, pero cada uno con diferente modo. Como se debe pasar esta Gramática la primera vez que se estudie. En el primer repaso se tendrá cuidado especial en la explicación y estudio de los artículos que llevan esta * (a), advirtiendo que se deberá estudiar todo lo que sigue á dicha * hasta encontrar una +, y se dexará sin estudiar todo lo que ésa incluye hasta dar con otra *.

Nota: Quando en cabeza de los capítulos se encuentre *, es que su contenido es muy importante, y no debe dexarse nada de él sin estudiar en el primer repaso (b)

Como la segunda.

En el segundo repaso se volverán á ver los artículos que tienen *, y se les juntarán los que van señalados con esta +

Como la tercera.

En el tercero y último repaso se juntarán á la repetición de los artículos antecedentes, los que van incluidos entre dos corchetes como estos

{ Véase pag. 6.9.10 &c.}

No deben aprenderse de memoria los capítulos, ó artículos señalados con esta + sino tenerlos presentes para quando se ofrezca alguna duda sobre las materias en ellos contenidos, no habiéndolos puesto es esta Gramática sino para este fin (c).

(a) No conteniendo dichos artículos sino lo que no pueden excusarse de estudiar, bastan, ó pueden bastar para la enseñanza de aquellos, que no queriendo aprender sino lo mas preciso, ciñen sus estudios a los puros elementos

(b) La mano que se encontrará, equivale á la *

(c) Los artículos de la segunda clase, o segundo repaso, son para aquellos que quisieren intermediar entre los primeros; y los que deseando aprender á fondo la lengua francesa, se enterarán de las mínimas menudencias que están incluidas en los artículos de la tercera clase: asi de estas tres clases, resultan tres Gramáticas en una".

(Chantreau, 1781: XVII-XVIII)

Tal estructuración se pierde al no reproducirse el Prólogo del Arte... de Chantreau en prácticamente ninguna de las reediciones que unos y otros autores efectúan a lo largo del siglo XIX (Alemany, Bergnes de las Casas, Dupuy...).

Si en el siglo XVIII la mayor calidad de una gramática es la de ser "completa" (aspecto que resaltan los autores en las portadas o bien en la introducción), el siglo XIX pretende por el contrario la virtud de la brevedad, recurriéndose a sentencias clásicas: "Hæc de Grammatica quam brevissime potui: non ut omnia dicerem sectatus, (quod infinitum erat) sed ut maxima necessaria." (Quintiliano, De Inst. Orat., Lib. i, Cap. x.). El propio Chantreau destaca ya que lo breve no se opone a lo completo: la Gramática contenida en su Arte... puede "á primera vista parecer[á] más voluminosa que la de Nuñez de Prado; pero considerada sin su Suplemento, es mucho más breve y compendiosa, y al mismo tiempo más completa, lo que puede verificarse con el cotejo de ambas" (1781: XI-XII). En el siglo XIX, algunos autores basan su estrategia comercial precisamente con la promesa, en el propio título de la obra, de que 70 o 80 días bastarán para hablar y traducir el francés con soltura (así, Delaborde, 18552).

Javier Suso López
Irene Valdés Melguizo

Bibl.: